Jericó aprende de experiencias formidables en las que la música ha sido capaz de desencadenar cambios fundamentales, tanto en la vida de los niños y las niñas como en la sociedad. Se trata de ensambles, coros y orquestas juveniles que se han asumido como herramientas educativas y culturales de largo alcance.
La Red de Escuelas de Música de Medellín es un ejemplo notable. Ver caminar a los niños y niñas de las comunas, cargando sus chelos, sus violines, sus trompetas para dirigirse a los ensayos, cambió esos escenarios de violencia del pasado en territorios de esperanza.
En 1975, una iniciativa del maestro y músico venezolano José Antonio Abreu, instauró en su país el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e infantiles, que se convirtió en un instrumento de organización social y de desarrollo humanístico, pero también en un modelo pedagógico, artístico y social que fue asumido en muchos otros países.
Aquí, en Jericó, el programa Coro, Ensamble y Sinfónico operado por la empresa local Tejer, Arte y Eventos, en convenio con la alcaldía del municipio y con la participación de Minera de cobre Quebradona, cuenta con 429 jóvenes y niños que han encontrado en la música una nueva manera de mirar el mundo.
Desde las clases semanales de coro y cuerdas frotadas, pasando por los montajes y conciertos que disfrutan las comunidades de Jericó y se escuchan en los escenarios de diversos municipios a donde son invitados, estos niños y jóvenes conmueven con su talento y con sus ejemplos de vida.

Minera de Cobre Quebradona en convenio con Alcaldía de Jericó
Pablo Fayad, un violinista destacado que hace parte del “Violin Lab” hace una descripción notable de la vinculación que existe entre el violín y quien lo interpreta; una descripción que parece explicar ese estado de éxtasis que se observa en la cara de los y las niñas y jóvenes cuando tocan el instrumento, un éxtasis que nos contagia a quienes los vemos y escuchamos: “el sentido de la duración del tiempo se altera, no hay idea de minutos u horas que transcurren, es simplemente el flujo de un disfrute que conecta al alma con la existencia…”
En la edición de mayo de Aldea de Piedras publicamos un testimonio extraordinario: “La música sanó a Jerónimo”, en donde relatamos la historia de Andrés Jerónimo Vargas, un niño del corregimiento de Palocabildo que fue transformado y curado por la música y las oportunidades del Programa Coro, Ensamble y Sinfónico. Es cierto. La música tiene el poder de transformar el mundo.
Consejo de Redacción AdP
Esto es un homenaje a nuestros orígenes, un homenaje a esa Aldea del Piedras que crearon nuestros mayores, un homenaje a su coraje, su dedicación, su esfuerzo, su tesón, y su condición de visionarios.




