Somos NaturalezaJOVEN CAMPESINO DE JERICÓ ES UN GUARDIÁN DE LAS ABEJAS MELIPONAS

Sebastián Echeverry, un campesino de Jericó oriundo de la vereda Estrella Vieja y técnico en recursos naturales y apicultor certificado del SENA, es un apasionado de las abejas y por eso decidió pasar de las palabras a la acción creando el Meliponario Villaluz, una reserva ubicada en su finca en la vereda Estrella Vieja -a 5 kilómetros del casco urbano de Jericó- dedicada exclusivamente a la conservación de abejas meliponas, un proyecto que hoy alberga...

Sebastián Echeverry, un campesino de Jericó oriundo de la vereda Estrella Vieja y técnico en recursos naturales y apicultor certificado del SENA, es un apasionado de las abejas y por eso decidió pasar de las palabras a la acción creando el Meliponario Villaluz, una reserva ubicada en su finca en la vereda Estrella Vieja -a 5 kilómetros del casco urbano de Jericó- dedicada exclusivamente a la conservación de abejas meliponas, un proyecto que hoy alberga 35 colmenas de siete especies diferentes y cerca de 1.500.000 abejas nativas.

Abejas meliponas ubicadas en el Meliponario Villaluz.

“Todo el mundo dice que hay que cuidar a las abejas, pero casi siempre se refieren a las africanizadas. Las meliponas nadie las cuida”, explica Sebastián. Muchas de estas abejas pierden su hogar cuando se talan árboles o se intervienen zonas rurales, quedando expuestas a enfermedades y a la muerte. El meliponario surge, entonces, como un refugio y una oportunidad para que estas especies continúen cumpliendo su misión natural.

Las abejas meliponas son especies sin aguijón que, aunque casi invisibles para muchos, sostienen el equilibrio de los ecosistemas que habitan.

A diferencia de las abejas africanizadas, ampliamente conocidas por su producción de miel, las meliponas han pasado desapercibidas durante años. Son dóciles, no representan un peligro para las personas y, justamente por eso, han sido poco protegidas. Sin embargo, su papel ecológico es irremplazable: existen especies de plantas que solo pueden ser polinizadas por ellas, lo que las convierte en aliadas directas de la conservación del bosque nativo.

Las abejas meliponas se desplazan hasta 1,5 kilómetros desde el Meliponario Villaluz hacia el bosque nativo, donde recolectan polen exclusivamente de plantas autóctonas. A diferencia de otras especies, no se adaptan a jardines o cultivos domésticos. Su alimentación depende del monte, y gracias a ese recorrido diario, los bosques se regeneran, florecen y se mantienen vivos.

Pero el Meliponario Villaluz no solo conserva: también educa y conecta. Hace cerca de un año, Sebastián abrió al público el Tour de Abejas Meliponas, una experiencia de turismo ambiental que permite a visitantes conocer de cerca las colmenas, observar la organización interna de las abejas, identificar especies, entender su rol ecológico y realizar una cata de miel, donde se descubren sabores, texturas y aromas distintos según la especie.

Miel producida por abejas meliponas del Meliponario Villaluz.

El recorrido dura entre hora y media y dos horas, se realiza en grupos máximos de ocho personas para no alterar el comportamiento de las abejas, y no requiere trajes de protección. Las meliponas permiten la cercanía humana, convirtiendo el tour en una experiencia segura, pedagógica y profundamente transformadora. No es casualidad que la mayoría de los visitantes hayan sido extranjeros, provenientes de países como Dinamarca, Francia, Estados Unidos, Alemania e Israel.

Más que una actividad turística, el tour es la clave para la sostenibilidad del proyecto. Mantener un meliponario implica altos costos: colmenas tecnificadas con medidas específicas, alimentación con miel —no con azúcar—, control permanente de plagas y dedicación diaria de trabajo humano. Cada visita, con un aporte de 30.000 pesos, contribuye directamente a que las abejas sigan vivas y protegidas.

A la fecha, cerca de 125 personas han recorrido el Meliponario Villaluz, aprendiendo que la conservación no siempre requiere grandes gestos, sino compromiso, conocimiento y respeto por lo que la naturaleza nos ofrece. “Promover la cultura de las abejas y traer visitantes es la mejor forma de apoyar este proyecto”, afirma Sebastián.

En tiempos donde la pérdida de biodiversidad avanza silenciosamente, iniciativas como esta demuestran que la conservación puede integrarse al turismo, la educación ambiental y el desarrollo local. Las abejas meliponas no solo producen miel: sostienen los bosques, protegen la vida y nos recuerdan que cuidar lo pequeño es cuidar el futuro.

Jericó cuenta con guardianas silenciosas que trabajan sin descanso. Conocerlas, respetarlas y protegerlas es una tarea colectiva. Y el primer paso puede ser tan simple como visitar un meliponario y dejarse sorprender por el zumbido suave de quienes mantienen vivo el bosque.

Agende el tour en el Meliponario Villa Luz y apoye la conservación de las abejas meliponas. También puede comprar miel pura.

  • Contacto: 301 255 6020
  • Instagram: Meliponario Villa Luz.
Meliponario Villaluz ubicado en la vereda Estrella Vieja de Jericó, Antioquia.

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