El 11 de marzo marca una fecha especial para Rogelio Vargas: cumple 15 años trabajando como contratista del área de seguridad del proyecto Minera de Cobre Quebradona. Una historia que no comenzó con una hoja de vida formal, sino con un partido de fútbol, una conversación honesta y una oportunidad que transformó su rumbo. Antes de llegar a Minera de Cobre Quebradona, Rogelio hizo de todo para salir adelante: recogió café, fue ayudante de construcción,...
El 11 de marzo marca una fecha especial para Rogelio Vargas: cumple 15 años trabajando como contratista del área de seguridad del proyecto Minera de Cobre Quebradona. Una historia que no comenzó con una hoja de vida formal, sino con un partido de fútbol, una conversación honesta y una oportunidad que transformó su rumbo.
Antes de llegar a Minera de Cobre Quebradona, Rogelio hizo de todo para salir adelante: recogió café, fue ayudante de construcción, trabajó en una tienda y recorrió el país vinculado a un programa del Gobierno. “Siempre me ha gustado ganarme mi plata, guerrearla bien conseguida”, dice, con el orgullo de quien nunca le ha tenido miedo al trabajo.
Su llegada al proyecto fue posible gracias a personas que creyeron en él. Desde sus primeros días prestando el servicio de seguridad en la finca Las Tapias, empezó a entender qué era la minería y, sobre todo, cómo se hacía cuando se hace bien. Lo que más lo sorprendió fue el trato humano. “Aquí encontré amabilidad, buena gente. No importa el cargo: a uno le explican, le enseñan y lo integran”.
Rogelio Vargas (izquierda) con uno de sus compañeros en el proyecto Quebradona.
Rogelio ha vivido momentos difíciles, de miedo y de tensión, pero también aprendizajes profundos. Cada año en Quebradona, asegura, le ha dejado conocimiento, experiencia y sabiduría. “La mejor experiencia para mí es Minera de Cobre Quebradona, en todos los sentidos”.
Defender el proyecto, para él, es natural. “¿Cómo no proteger algo que me lo ha dado todo?”, se pregunta. Gracias a su trabajo pudo construir su hogar, sostener a su familia y crecer personal y laboralmente. Pasó de vigilante a supervisor, obtuvo su licencia de conducción para carro y superó uno de sus mayores miedos: manejar un carro. Hoy, con orgullo, dice que conduce sin temor y con profesionalismo, algo que jamás imaginó.
Rogelio Vargas con el carro que aprendió a conducir estando en el proyecto Quebradona.
Su sueño es claro y profundo: pensionarse en Quebradona. Poder decirles a sus hijos que trabajó en una empresa que lo valoró como persona, no como empleado. Sueña con ver a Jericó crecer junto al proyecto y, quizá, que alguno de sus hijos continúe ese camino.
Rogelio cree firmemente en el valor de trabajar con amor. “Uno no está en un trabajo solo por cumplir horarios, sino por compromiso. Lo que se hace con amor se disfruta”. Hoy, con 15 años de historia a cuestas, se reconoce como un hombre agradecido, orgulloso y convencido de que Quebradona es un proyecto que Jericó merece.
Esto es un homenaje a nuestros orígenes, un homenaje a esa Aldea del Piedras que crearon nuestros mayores, un homenaje a su coraje, su dedicación, su esfuerzo, su tesón, y su condición de visionarios.