¿Qué significa que el carriel tenga denominación de origen? Henry Rodríguez, uno de los artesanos impulsores de esta iniciativa, nos lo cuenta.
En Jericó, Antioquia, cada carriel lleva más que cuero, hilos y bolsillos secretos: carga una memoria de país. Lo sabe bien Henry Rodríguez Pimienta, heredero de una tradición centenaria y hoy uno de los artesanos más reconocidos de esta icónica pieza antioqueña. Desde su taller Carrieles Don Darío, nombrado en honor a su padre, Henry ha dedicado los últimos años de su vida a proteger el origen del carriel, promover su denominación de origen y defender las oportunidades que nuevas empresas pueden ofrecer a municipios pequeños como Jericó, entre ellas Minera de Cobre Quebradona.
Un origen que viaja en mula desde el Envigado de hace 150 años
La historia del carriel —cuenta Henry— se remonta a unos 150 o 160 años, cuando maestros artesanos de Envigado llegaron a Jericó a compartir su oficio. Entre ellos, Apolonio Arango, quien formó a varios artesanos locales, incluidos los hermanos Santamaría. De ese taller surgió la empresa Santamaría Hermanos, una de las primeras grandes fábricas de carrieles del suroeste.
El padre de Henry, don Darío Rodríguez Porras, aprendió allí el oficio. Más que un artesano, don Darío se convirtió en un maestro generoso que democratizó el conocimiento: enseñó sin egoísmo y formó a generaciones enteras de artesanos. De él heredaron sus hijos el amor por un arte que literalmente los vio crecer: Henry recuerda dormirse entre retazos de cuero y hacer “chichigüitas” —pequeños carrieles— para ganarse sus primeras monedas.

Con el tiempo, Jericó adoptó el carriel como parte de su identidad productiva. Hoy hay más artesanos en Jericó que en Envigado, y la tradición sigue viva gracias a familias como los Rodríguez, los Agudelo, los Saldarriaga, los Tirado y otras que cargan en sus manos la historia de un territorio.
Denominación de origen: un sello que protege la autenticidad
En noviembre de 2025, la Superintendencia de Industria y Comercio otorgó la denominación de origen al Carriel Antioqueño, un logro largamente trabajado por Henry y otros artesanos. Este reconocimiento lo ubica al nivel de joyas artesanales como las vajillas de El Carmen de Viboral, los tejidos wayuu o el sombrero vueltiao.
Pero ¿por qué no “Carriel de Jericó”? La razón es técnica: para obtener una denominación exclusiva, todos los materiales con los que se elabora el carriel deberían provenir de Jericó. Como eso no ocurre, se optó por una figura más amplia que permitiera incluir a los artesanos de varios municipios históricamente ligados a la pieza: Jericó, Envigado, San Pedro de los Milagros, Ituango y Fredonia.
La denominación trae beneficios muy claros:
- Posicionamiento internacional.
- Mejores precios para los artesanos.
- Un sello de autenticidad que distingue lo genuino de las imitaciones.
- Estandarización de medidas, materiales y acabados.
- Fortalecimiento cultural y económico de un oficio patrimonial.
“Queremos asegurar que quien compre un carriel se lleve un producto con historia, tradición y calidad”, afirma Henry. El proceso incluyó la creación de la Asociación de Artesanos del Carriel de Origen Antioqueño, hoy con unos 12 miembros, que se encarga de custodiar los estándares y preservar la esencia del oficio.

Un símbolo de la colonización antioqueña —y de la minería
El carriel no es un accesorio decorativo: nació como herramienta de trabajo para arrieros, colonos y mineros de antaño. Sus múltiples bolsillos —incluidos los secretos— alojaban desde agujas capoteras hasta cerraduras, monedas, cartas, herramientas y, por supuesto, oro.
La colonización antioqueña avanzó a punta de mulas, caminos de herradura y minería. La historia productiva de la región está profundamente ligada al descubrimiento y transporte de metales. Por eso, explica Henry, el carriel acompaña ese relato: “Antioquia surgió a partir de la minería. En el suroeste, Amagá y muchas zonas cercanas fueron profundamente mineras. El oro se transportaba en mulas y los bolsillos secretos del carriel eran fundamentales para protegerlo”.
Con el tiempo, la pieza pasó de ser herramienta de trabajo a objeto de prestigio. “Cuando yo era niño, quienes usaban carriel eran los ricos. Era símbolo de estatus”, recuerda Henry. Hoy es un ícono de la cultura antioqueña, un regalo de lujo para turistas y personalidades: lo han recibido desde el Papa hasta presidentes y ministros.
Cada detalle del carriel tiene significado: el cuero rojo simboliza el amor y la suerte; el hilo verde, las montañas; los arabescos, la geografía; los vivos amarillo y rojo, la bandera de Jericó. Es un mapa cultural en forma de artesanía.
De Jericó para el mundo: la visión de un emprendedor
Aunque vive en Envigado, Henry no se desprende de su tierra: en Jericó tiene tres tiendas, además de un punto de venta en Jardín, Antioquia y su fábrica principal en Envigado. Su visión es clara: Jericó debe ser una “tierra viva”, no un “museo agrícola”.
Defiende la necesidad de más empresas, más oportunidades de empleo formal y más modernización económica. Internet, dice, es una herramienta de equidad: gracias a redes sociales como Instagram, ha podido vender carrieles hasta en Tailandia, donde valoran enormemente la artesanía colombiana.
Pero también cree que es con las empresas como se puede transformar positivamente un territorio a través de las oportunidades que generan. Por eso defiende públicamente a Minera de Cobre Quebradona.
“No la defiendo como empresa —dice—, la defiendo porque es un proyecto que trae oportunidades: empleos formales, ingresos para familias, proveedores locales, dinamismo económico. Cuando aquí construyeron la hidroeléctrica Río Piedras hubo un boom económico enorme. Una empresa grande moviliza todo un municipio”.
Para Henry, Jericó debe pensar en sus jóvenes, en sus emprendedores y en las generaciones por venir. Y ese futuro —dice— se construye sumando, no restando: “Yo he sido defensor de todas las empresas que generan oportunidades. Porque si Jericó quiere crecer, necesitamos proyectos que dinamicen la economía y que impulsen a la gente a creer que puede salir adelante”.

Una artesanía que honra el pasado y abre puertas al futuro
Henry lo resume de manera simple: “No es fácil emprender. Hay que llevarlo en la sangre”. Y él lo hace: no solo honra la memoria de su padre con un negocio próspero y responsable, sino que impulsa una tradición que hoy genera empleo, atrae turismo, recupera identidad y abre mercados globales.
El carriel, ese objeto cargado de historia y bolsillos secretos, se convierte así en un puente entre el pasado y el futuro: entre la colonización antioqueña y las oportunidades que pueden llegar a municipios como Jericó si se trabaja con visión, unión y responsabilidad.
Porque, como demuestra Henry, las tradiciones no se conservan encerrándolas: se protegen dándoles vida.
Consejo de Redacción AdP
Esto es un homenaje a nuestros orígenes, un homenaje a esa Aldea del Piedras que crearon nuestros mayores, un homenaje a su coraje, su dedicación, su esfuerzo, su tesón, y su condición de visionarios.





