Llegué a Jericó casi por providencia. Vine como peregrino, enfermo y buscando alivio, y en este municipio —de calles hermosas y corazones generosos— encontré no solo la recuperación de mi salud, sino también un nuevo propósito. A los pocos días de estar aquí escuché en el Teatro Santamaría a los niños y jóvenes del Coro Sinfónico del programa Fortalecimiento Cultural que apoya Quebradona, y entendí que algo profundo estaba ocurriendo: esta empresa cree en la gente y transforma vidas. Lo vi, lo sentí, y desde entonces Jericó y Quebradona se quedaron en mi corazón.
He recorrido más de 500 municipios en Colombia durante mis años en el Ejército, y pocos lugares tienen la calidad humana, la cooperación y la visión de futuro que encontré aquí. Por eso me impactó la historia de este territorio: Jericó fue construido por empresarios, por soñadores, por gente que se atrevió a crecer. Hoy, esa chispa necesita avivarse de nuevo. Somos apenas 14.000 habitantes, y muchos jóvenes deben emigrar porque no encuentran oportunidades. Tenemos balcones hermosos, sí, pero necesitamos futuro.
Y esa oportunidad existe. La naturaleza —que es Dios, y Dios no juega a los dados, como dijo Einstein— puso una riqueza en estas montañas: el cobre. Así como los países nórdicos viven del gas que les dio su geografía, a Colombia y especialmente a Jericó se le entregó este recurso para aprovecharlo con responsabilidad y tecnología.
Sé lo que la minería puede hacer cuando se hace bien. Vengo de Codazzi, Cesar, donde la minería del carbón transformó vidas enteras. Recuerdo el caso de Jesús, un amigo de mi familia, quien pasó de la pobreza extrema a darle educación y bienestar a sus hijos gracias a una oportunidad minera. Por eso digo: cuando un recurso está ahí, y cuando existe una empresa preparada para gestionarlo con respeto ambiental y visión humana, hay que aprovecharlo.
Lo que veo en Quebradona es precisamente eso: preparación, tecnología, respeto por la comunidad y una profunda inversión en las personas. No hablo solo de infraestructura o programas; hablo de fe, de coherencia, de compromiso real. En cuatro meses he visto cómo la empresa acompaña a los niños, a los jóvenes, a las familias, y cómo su presencia genera esperanza y desarrollo.
Jericó merece más oportunidades reales de empleo y proyectos que impulsen el desarrollo local. Extraer el cobre de manera responsable es parte de ese camino.
Mi mensaje final es de gratitud. A Dios, que me trajo aquí. A Jericó, que me recibió como uno más. Y a Quebradona, que ha creído en esta región por fe y ha invertido durante años para aportar a un futuro mejor. Seamos coherentes, agradecidos y unidos. Si sincronizamos nuestros esfuerzos, Jericó será una tierra llena de oportunidades.
Por Émerson Cerpa Enrique Hernández,
Habitante de Jericó
Consejo de Redacción AdP
Esto es un homenaje a nuestros orígenes, un homenaje a esa Aldea del Piedras que crearon nuestros mayores, un homenaje a su coraje, su dedicación, su esfuerzo, su tesón, y su condición de visionarios.





