En un momento en el que el mundo avanza hacia la descarbonización y la transición energética, Colombia enfrenta un reto clave: transformar su modelo económico sin poner en riesgo su estabilidad fiscal y social. En este contexto, el proyecto Minera de Cobre Quebradona se perfila como una oportunidad estratégica para el país, según el estudio de impacto económico y social elaborado por la firma de consultoría macroeconómica Econcept.
Hoy, aunque Colombia cuenta con una de las matrices eléctricas más limpias del mundo —con hasta un 80% de generación hidroeléctrica—, gran parte de su economía aún depende de combustibles fósiles. De hecho, entre el 30% y 40% de las exportaciones y hasta el 20% de los ingresos fiscales provienen de estos sectores. Frente a los compromisos de reducir emisiones en un 51% al 2030 y alcanzar la carbono-neutralidad en 2050, el país necesita diversificar sus fuentes de ingreso.
Aquí es donde el cobre cobra protagonismo. Este mineral es esencial para la electrificación del transporte, las energías renovables y las telecomunicaciones. Mientras la demanda global podría alcanzar entre 31 y 34 millones de toneladas para 2030, Colombia hoy es un actor marginal, con exportaciones que apenas llegaron a 86 millones de dólares en 2024.
El estudio de Econcept destaca que el proyecto Quebradona puede cambiar ese panorama. Con reservas estimadas de 1.47 millones de toneladas de cobre, una vida útil inicial de 19 años y una producción anual proyectada de entre 60.000 y 88.000 toneladas, se trata de una iniciativa pionera que podría posicionar al país como proveedor confiable en el mercado internacional.
Además, su diseño incorpora altos estándares ambientales: cerca del 80% de su operación será electrificada, lo que permitiría reducir hasta en un 80% las emisiones de gases de efecto invernadero por tonelada producida, frente a modelos tradicionales.
Los impactos económicos también son significativos. En su año pico, el proyecto podría representar cerca del 3% de las exportaciones totales del país, superando sectores tradicionales como el banano o el ferroníquel. En materia fiscal, generaría regalías cercanas a COP 0,99 billones y aportes relevantes en impuesto de renta.

Para Jericó, los beneficios serían históricos: se proyectan ingresos por regalías de más de COP 207 mil millones, además de un importante recaudo predial. A esto se suma la generación de empleo: más de 68.000 puestos de trabajo indirectos a nivel nacional y cerca de 767 empleos directos en la fase de operación, con una alta participación de mano de obra local.
Más allá de las cifras, el estudio también plantea una visión de desarrollo integral. Con los recursos generados, sería posible impulsar políticas sociales que reduzcan la pobreza, mejoren la educación, fortalezcan la salud y dignifiquen la vida de miles de personas.
El reto, sin embargo, no es menor. Como señala Econcept, el éxito de este tipo de proyectos depende de una gobernanza transparente, seguimiento técnico riguroso y diálogo permanente con las comunidades.
Quebradona no es solo un proyecto minero. Es la posibilidad de que Colombia transforme su riqueza mineral en desarrollo sostenible, en bienestar social y en un lugar protagónico dentro de la economía del futuro.
Consejo de Redacción AdP
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