SI USTED ES ANTIMINERO, RENUNCIE A TODO LO QUE USA HOY
Hoy en día es muy fácil declararse “antiminero”. Muy fácil oponerse, criticar, marchar y señalar. Pero hay una incoherencia profunda que no se puede ignorar: la vida moderna que todos disfrutamos existe gracias a la minería.
Si alguien decide asumir una postura radical contra la minería, debería tener el valor de llevar esa postura hasta sus últimas consecuencias.
Porque entonces surge una pregunta inevitable:
¿Está dispuesto a renunciar a todo lo que usa hoy?
Su casa, por ejemplo, no existiría. El cemento, el acero, el vidrio, los cables eléctricos… todo proviene de minerales extraídos de la tierra.
Su teléfono celular —ese mismo desde donde escribe y critica— contiene cobre, litio, oro, silicio, aluminio. Sin minería, no hay tecnología.
La ropa que lleva puesta también depende de la minería. Los tintes, las fibras sintéticas y los procesos industriales están conectados con minerales.
El transporte que utiliza, los hospitales, los medicamentos, la energía, los alimentos procesados… todo tiene, en mayor o menor medida, origen minero.
Entonces, la discusión no puede seguir siendo superficial.
No se trata de “minería sí o minería no”.
Se trata de algo mucho más serio:
MINERÍA RESPONSABLE O HIPOCRESÍA SOCIAL
Porque el verdadero debate es cómo se hace la minería, no si debe existir.
Negar la minería es negar el desarrollo. Es negar la posibilidad de cerrar brechas sociales. Es condenar a regiones enteras a la pobreza, mientras otros países avanzan utilizando responsablemente sus recursos.
Los países más desarrollados del mundo —como Canadá, Australia, Estados Unidos y Chile— no renunciaron a la minería. La perfeccionaron, la regularon y la hicieron sostenible.
Mientras tanto, en Colombia, algunos pretenden frenar el desarrollo desde la comodidad de los beneficios que ese mismo desarrollo les da.
Eso no es conciencia ambiental. Eso es incoherencia.
EL VERDADERO CAMINO
Claro que hay riesgos. Claro que hay impactos ambientales. Pero también hay soluciones técnicas, jurídicas y científicas para mitigarlos.
Ahí es donde debe centrarse el esfuerzo:
Control riguroso
Veeduría técnica real (no basada en rumores)
Cumplimiento estricto de normas ambientales
Participación de la comunidad
Responsabilidad empresarial
Porque el problema no es la minería. El problema es la mala minería.
UNA REFLEXIÓN FINAL
Si alguien decide ser antiminería por convicción, está en su derecho.
Pero entonces debe ser coherente.
Debe renunciar a su celular, a su vehículo, a su vivienda moderna, a la energía eléctrica, a todo lo que el siglo XXI le ofrece.
Porque no se puede vivir del desarrollo y, al mismo tiempo, condenarlo.
La verdadera discusión no es ideológica. Es una discusión de responsabilidad, coherencia y futuro.
POR JUAN CARLOS LÓPEZ CALDERÓN
Abogado – Especialista en Derecho Penal
Consejo de Redacción AdP
Esto es un homenaje a nuestros orígenes, un homenaje a esa Aldea del Piedras que crearon nuestros mayores, un homenaje a su coraje, su dedicación, su esfuerzo, su tesón, y su condición de visionarios.





