Opinión“A medida que el ego se rinde, el corazón se expande”

Ser humanos es una experiencia compleja. Vivimos en medio de paradojas y todos los días nos enfrentamos a tener que tomar decisiones confusas y buscar el equilibrio entre satisfacer las necesidades propias y las de los demás buscando que mi libertad no atente contra la del prójimo. La filosofía del yoga nos presenta el concepto de Ahimsa, la no-violencia dentro de los Yamas y Niyamas, que son guías, preceptos o disciplinas éticas que nos ayudan...
Consejo de Redacción AdP6 meses .237411 min

Ser humanos es una experiencia compleja. Vivimos en medio de paradojas y todos los días nos enfrentamos a tener que tomar decisiones confusas y buscar el equilibrio entre satisfacer las necesidades propias y las de los demás buscando que mi libertad no atente contra la del prójimo.

La filosofía del yoga nos presenta el concepto de Ahimsa, la no-violencia dentro de los Yamas y Niyamas, que son guías, preceptos o disciplinas éticas que nos ayudan en el camino de la evolución espiritual. Estos incluso podrían ser equiparables con los 10 mandamientos cristianos, pues se cimentan en principios muy similares de respeto por la vida y por el otro.

Ahimsa se refiere a una postura en la relación con uno mismo y con los demás que no implica ni sacrificarse por otros ni engrandecer el ego propio. Es el balance de satisfacer las propias necesidades y vivir la propia libertad sin hacer daño a otros seres. Según Deborah Adele, en Yamas y Niyamas, Explorando la Ética del Yoga, nuestra capacidad de ser no-violentos depende de nuestra práctica proactiva del coraje, el balance, el amor propio y la compasión por los demás.

Cuando nos sentimos preocupados, asustados, indefensos, fuera de balance y nos tornamos agresivos con nosotros mismos, podemos estar manifestándonos violentamente contra los otros, por esto, nuestra habilidad de ser no violentos con los demás está directamente relacionada con la capacidad de ser no violentos con nosotros mismos.

El miedo crea violencia, es por esto por lo que debemos aprender a diferenciar entre dos tipos de miedo: el miedo instintivo, que nos mantiene vivos y se relaciona con la supervivencia y el miedo a lo desconocido. Este estado puede convertirse en un lugar de exploración donde nos demos cuenta de que ese miedo solo vive en nuestra imaginación. En la medida en que exploremos nuestros miedos nos daremos cuenta de que hemos crecido, nuestra visión se ha expandido y el mundo de repente se ve como un lugar más grande y somos más capaces de navegarlo. A medida que expandamos nuestra mente y abramos nuestro corazón, sentiremos menos necesidad de ser violentos.

Cuando aprendemos a gestionar el miedo, también podemos sentirnos más empoderados y esto reduce las probabilidades de ser agresivos como manifestaciones de la frustración, el enojo, la victimización e incluso la depresión. Es mitigar la sensación de no tener opciones. Ahimsa nos invita a cuestionarla más que aceptarla, pues siempre tendremos la posibilidad de cambiar la historia que nos estamos contando y hacernos cargo de la situación para abordarla de diferentes maneras.

Otro elemento importante en la práctica de la no-violencia radica en el amor propio, en el nivel de violencia física, verbal o psicológica que ejercemos contra nosotros mismos. En la medida en que tengamos la capacidad de amarnos, perdonarnos y hablarnos dulcemente, vamos a poder manifestarlo en otros. Si no podemos estar a salvo con nosotros mismos, otros tampoco podrán estarlo y el mundo difícilmente será un lugar seguro. Por eso cuando creamos entornos seguros para ser nosotros mismos, la violencia desaparece, porque donde el miedo hace daño y genera violencia, el amor crea expansión y calma.

Cuando se trata de ejercer violencia contra otros, Ahimsa no solamente se refiere a las agresiones físicas o verbales, sino también a la necesidad de tomar decisiones por otros. Cuando nos tomamos como propios los problemas ajenos y los resolvemos por la otra persona estamos atentando contra su autonomía. Por eso, Ahimsa nos invita a confiar en las capacidades del otro para gestionar y resolver sus problemas, nos pide tener fe y confiar en el otro. Nos habla también de acompañar el proceso, pero sin intervenir, a no ser que el otro explícitamente lo pida. La violencia ejercida en la creencia de saber qué es lo mejor para el otro se ilustra en una historia ancestral contada en la India, donde un mono trepa un pez a la copa de un árbol diciéndole: “te salvé de ahogarte!”. El mono creyendo que había salvado al pez, lo llevó a un lugar donde no podía satisfacer ninguna de sus necesidades para sobrevivir o crecer. No podemos reparar o salvar a las personas, pues ahí le estamos quitando la posibilidad de aprender por sus propios medios lo que la situación venía a enseñarle.

La preocupación es otra forma de violencia que se enmascara en el cuidado. La preocupación nos dice que no confiamos en que el otro puede hacer las cosas bien. Esta viene desde un lugar de arrogancia donde yo sé lo que debería estar pasando en la vida del otro. Es no confiar en las capacidades, los conocimientos y los tiempos del otro, es un miedo que aún no escala. Por esto, la compasión se hace necesaria para disolver ese ego y soltar el temor de ver las cosas tal y como son. La compasión se cimenta en dejar de querer cambiar al otro y suavizar las barreras que nos mantienen separados de las cosas que no entendemos. Aprendemos a ser compasivos con pequeñas acciones bondadosas y entendemos que otras vidas son tan valiosas e importantes como las propias. Es entender que cada ser humano, caminando por este mundo, tiene historias dolorosas atoradas en lo profundo de su corazón. Si podemos entender y recordar esto, así tal vez podríamos caminar por el mundo con los lentes de la compasión y no con los del juicio.

Desde el lugar en el que nos encontremos, Ahimsa nos invita a caminar suavemente, a no hacerle daño a nada ni a nadie, a cuidar y honrar las relaciones que tenemos con nosotros mismos, con nuestro entorno y con los demás.

La invitación, entonces, es a que vivamos en Ahimsa, de una manera compasiva, amorosa y buscando gestionar el miedo a lo desconocido como una oportunidad de expansión y crecimiento.

 

Por Ana María Villegas Ramírez

Consultora de Innovación de Minera de Cobre Quebradona

Consejo de Redacción AdP

Esto es un homenaje a nuestros orígenes, un homenaje a esa Aldea del Piedras que crearon nuestros mayores, un homenaje a su coraje, su dedicación, su esfuerzo, su tesón, y su condición de visionarios.

2 comments

  • Aracelly

    Febrero 7, 2024 at 12:17 pm

    Excelente artículo que invita a la reflexión en nuestra relación con el mundo, con nosotros mismos y con los demás.
    Felicitaciones Ana María.

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Comentarios

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Esto es un homenaje a nuestros orígenes, un homenaje a esa Aldea del Piedras que crearon nuestros mayores, un homenaje a su coraje, su dedicación, su esfuerzo, su tesón, y su condición de visionarios.

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