Respeto a la memoriaOliva Sossa de Jaramillo: en memoria a la escritora y madre jericoana

Jericó es uno de esos municipios que ha tenido la fortuna de contar con importantes nombres que resaltan en su historia, y con plumas y tinteros, como los de Oliva Sossa de Jaramillo, que retratan la belleza de los acontecimientos cotidianos. Ella lo dijo en vida: escribía para un mundo simple, descomplicado; tal vez para uno que también pudiera sentir el amor y la nostalgia del pasar de la vida. Oliva nació en 1938 y...

Jericó es uno de esos municipios que ha tenido la fortuna de contar con importantes nombres que resaltan en su historia, y con plumas y tinteros, como los de Oliva Sossa de Jaramillo, que retratan la belleza de los acontecimientos cotidianos. Ella lo dijo en vida: escribía para un mundo simple, descomplicado; tal vez para uno que también pudiera sentir el amor y la nostalgia del pasar de la vida.

Oliva nació en 1938 y su infancia transcurrió entre una casa grande, una familia numerosa, juegos y lecturas fantásticas que ella precedía. Las letras formaron su carácter, le hicieron crecer la sensación de que el mundo era más allá de lo que podía verse y le sembraron la sensibilidad que salta a la vista cuando se abre uno de sus poemas      o novelas.Luego, se hizo madre de doce hijos, una labor que nunca impidió que ella siguiera abriendo sus libretas      y mecanografiando en las noches o madrugadas, en máquinas de escribir a las que les cubría las teclas con esparadrapo para disminuir el clac clac ruidoso de las ideas que si no son escritas con prisa, pueden escaparse      para no regresar.

Su talento saltaba a la vista y por eso se convirtió en un referente para las demás escritoras, que, al igual que ella, se encontraban con una sociedad que les había asignado un único rol: ser amas de casa. Su liderazgo, según se dice, trascendió tanto que, como si se tratara de un defecto y no de una gran virtud, hizo que un día su esposo se  despidiera, no sin antes dejarle claro su descontento por su oficio como literata; pero esto tampoco evitó que ella escribiera y, por el contrario, marcó el resto de su obra.

En los noventa, junto con Faustina Alzate, Silvio Villa y José Jairo Peláez, conformó La Peña Literaria, un grupo de lectura que contaba con su propia revista: Luna llena, que imprimió más de cien números y en la que mensualmente escritores, tanto locales como invitados, dieron a conocer sus letras en Jericó. Además, ya en 1978, Oliva había publicado su primer libro: Cuando pasa la brisa, al que le seguirían Tierra quemada, en 1981, Vino tinto, en 1990, y Me contaron las estrellas, en 1995. Las demás obras reposan aún en los cuadernos, guardadas, custodiadas como el tesoro que sus hijos bien saben que es.

La Revista Jericó fue el primer hogar de los escritos de Oliva, quien también fue miembro del Centro de Historia de Jericó, donde se encuentra la vida y la obra de los más de setenta autores jericoanos, incluida la de ella. Esta mujer, además, se desempeñó como tesorera municipal, secretaria académica de una de las instituciones educativas del municipio, secretaria del concejo municipal y directora de la sección literaria del periódico Ecos del Piedras; labores que dan cuenta de su habilidad y talento no solo para las letras.

En este mes, donde conmemoramos a las madres y su labor en el municipio, no podría pasarse por alto el nombre de Oliva Sossa de Jaramillo, que, de seguro, enorgullece a muchos jericoanos y antioqueños. Y aunque ella ya no se encuentre entre nosotros, sus letras, desde hace mucho tiempo, le hicieron un espacio en la posteridad y la memoria.

Consejo de Redacción AdP

Esto es un homenaje a nuestros orígenes, un homenaje a esa Aldea del Piedras que crearon nuestros mayores, un homenaje a su coraje, su dedicación, su esfuerzo, su tesón, y su condición de visionarios.

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