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Por Néstor Betancur Tamayo Históricamente la minería se ha pensado desde la mirada de la explotación en sí misma, y los referentes que tenemos en Colombia y muchos lugares del mundo nos han encaminado a la construcción de ese imaginario. Excavaciones, explotaciones que no analizan o identifican sus impactos en el medio ambiente y las comunidades, sin planes ni medidas de manejo, sin concertación, sin diálogo, sin beneficio. La minería artesanal, tradicional, así como las...

Por Néstor Betancur Tamayo

Históricamente la minería se ha pensado desde la mirada de la explotación en sí misma, y los referentes que tenemos en Colombia y muchos lugares del mundo nos han encaminado a la construcción de ese imaginario. Excavaciones, explotaciones que no analizan o identifican sus impactos en el medio ambiente y las comunidades, sin planes ni medidas de manejo, sin concertación, sin diálogo, sin beneficio.

La minería artesanal, tradicional, así como las muchas explotaciones irregulares e ilegales que han existido y aún perduran a lo largo del territorio nacional se han convertido en el referente para la mayoría de los ciudadanos, que ven con impotencia los impactos que estas actividades dejan en el medio ambiente y las comunidades donde se ubican. Lo que, además, alimenta la percepción de que la explotación solo produce dividendos económicos que no se ven reflejados en el bienestar común y que, por el contrario, llenan los bolsillos de unos pocos.

Los tiempos cambian y esa minería cuasicolonial, de siglos y prácticas pasadas, está siendo repensada desde la misma sociedad, que demanda un desarrollo social y económico a la par del crecimiento económico de las regiones; voces y reclamos que las empresas de todos los sectores están escuchando. En el sector minero en Colombia ya tenemos ejemplos de empresas que han dado el paso para convertirse en sociedades BIC (de beneficio e interés colectivo); con políticas, estándares y lineamientos que apuntan a un gana-gana y donde las comunidades, al igual que los socios y accionistas, participan del desarrollo y crecimiento que un proyecto puede y debe generar.

Claramente, es un asunto de voluntades dar este paso, que no solo representa unos beneficios en el triple impacto (social, económico y ambiental) que promueven las sociedades BIC, sino que, además, plantean un cambio importante para empezar a ponerle un nuevo rostro a un sector que ocupa un lugar tan relevante en la economía del país, pero que, aun así, goza de una reputación bastante negativa frente a los otros sectores.

Tengo la oportunidad de trabajar en el área social de una de las compañías mineras que adoptó esta figura para uno de los proyectos que plantea en el suroeste antioqueño. En este lugar, aunque todavía no hay una mina, la empresa lleva años implementando prácticas, planes, programas y proyectos encaminados a demostrar que sí es posible una minería diferente, responsable y que promueva desarrollo económico, social y ambiental.

El proyecto Minera de Cobre Quebradona, ahora sociedad BIC, viene aportando a la educación y la cultura en sus diferentes matices, con programas de música, danza, teatro, deporte, artes y otros campos, en los que en alianza con instituciones públicas y privadas presentes en el territorio brinda los escenarios y oportunidades para que niños, jóvenes y adultos participen del beneficio que puede generar la riqueza natural del subsuelo. A la par, se han venido implementando acciones encaminadas a la protección y cuidado del medio ambiente, con actividades como sensibilización y campañas de educación frente a los ecosistemas que componen el territorio, buenas prácticas agrícolas y jornadas de siembra de árboles nativos y endémicos. Todo en pro de la regeneración de bosques en espacios altamente impactados por actividades humanas, la protección de cuencas hídricas y la conservación de espacios de fauna, que se han visto afectados por la expansión humana, de cultivos y ganadería extensiva.

A grandes rasgos, este es un claro ejemplo de que sí es posible pensar en Sociedades BIC, no solo en el sector minero sino también en todos los sectores económicos que jalonan la vida y productividad del país.

Consejo de Redacción AdP

Esto es un homenaje a nuestros orígenes, un homenaje a esa Aldea del Piedras que crearon nuestros mayores, un homenaje a su coraje, su dedicación, su esfuerzo, su tesón, y su condición de visionarios.

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