Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosaLos estragos del fanatismo

Hay hechos y noticias que estremecen. En el año 2018 tuvo cierta resonancia una serie de televisión que se dedicó a lo largo de dos meses a difundir documentales en torno a temas que fueron noticia mundial en varias fechas memorables del siglo XX. Se refirió, en efecto, a la matanza de Jonestown, en la que un tal Jim Jones indujo al suicidio a más de novecientas personas, trescientas de las cuales eran niños y...

Hay hechos y noticias que estremecen.

En el año 2018 tuvo cierta resonancia una serie de televisión que se dedicó a lo largo de dos meses a difundir documentales en torno a temas que fueron noticia mundial en varias fechas memorables del siglo XX. Se refirió, en efecto, a la matanza de Jonestown, en la que un tal Jim Jones indujo al suicidio a más de novecientas personas, trescientas de las cuales eran niños y niñas en 1978. Esta multitud asumió la creencia de que ese suicidio era su manera de conquistar la vida eterna, pues serían revividos por seres superiores que los rescatarían al día siguiente. 

Aludió, de igual manera, el tema de la masacre de Waco, ocurrida el 19 de abril de 1993 en el centro de Texas, en la que murieron 76 miembros de la secta los Dadivianos, quienes actuaban en consonancia rigurosa con los textos de la Biblia y tenían la convicción de que el regreso de Cristo era inminente, pues las profecías del juicio final se estaban cumpliendo a cabalidad.

Las gentes tienden a creer que estos fanatismos solo se mueven en los territorios complejos de las religiones contemporáneas, pero el problema es mucho más antiguo.

Se entiende por fanatismo la exacerbación o actividad que se manifiesta con pasión exagerada, desmedida, irracional y tenaz de una idea, una teoría, una cultura, un estilo de vida, en fin. Se puede ser fanático (con todo el peligro que ello entraña) de un deporte, de un pasatiempo o de una persona.

Esa adhesión incondicional a su causa, ese entusiasmo desmedido, esa monomanía que es a su vez una paranoia, impide que el fanático piense o actúe en nada diferente a su pasión.

Abundan los casos de barras bravas del fútbol que se enfrentan, se agreden, se matan, porque consideran que la divisa de un equipo es una amenaza para el propio.

Las creencias letales degeneran en patologías, puesto que tienen el poder de transformar la realidad interna y la realidad externa del individuo. Esa realidad asumida es la que da sentido a su existencia y por ello el fanático no tolera poner en duda aquello en lo que cree. Se aferra a su creencia como un náufrago, no está en capacidad de contrastar lo que cree con otro tipo de explicaciones. Es esa intolerancia lo que conduce a la violencia, lo que le permite aceptar que la aniquilación del otro es justificable, porque ese otro amenaza su verdad. El otro está equivocado, su equivocación es un peligro para mí y para el grupo al que pertenezco.

Una cosa es creer en algo y otra cosa es asumirlo en la lógica del fanático.

 

Consejo de Redacción AdP

Esto es un homenaje a nuestros orígenes, un homenaje a esa Aldea del Piedras que crearon nuestros mayores, un homenaje a su coraje, su dedicación, su esfuerzo, su tesón, y su condición de visionarios.

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